2D. LA HUÍDA A EGIPTO

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“El ángel del Señor se apareció en sueños a José‚ y le dijo: Levántate, toma al Niño y a su Madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al Niño para matarlo.”  (Mt 2, 13)

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Ponemos en tus manos la protección a la familias.

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María y José se percataron pronto de las contrariedades en su vida familiar. Al sufrimiento de huir de la crueldad de Herodes, se uniría: la dificultad del camino por el desierto, su pobreza material, el temor a lo desconocido al llegar a una tierra extranjera y tantos otros interrogantes que se  presentarían ante ellos.

Ante la muerte de los santos niños inocentes se abre también para nosotros el misterio de la razón del mal en el mundo. Dios le concedió al hombre y a la mujer el don de su libertad y con él puede ser capaz de lo mejor, pero también de lo peor. Si todos fuésemos fieles al Señor siempre triunfaría el bien.

En nuestros días también siguen sufriendo inocentes por la crueldad de los que son como Herodes hoy.

La Sagrada Familia nos enseña que la clave para afrontar todas las dificultades es la presencia Dios en su vida, que tiene su reflejo en el amor que existe en ella y siempre abierto a los demás. Cuántos problemas desaparecerían si en el seno de las familias, a ejemplo de Jesús, José y María, cada miembro tuviera como máxima preocupación amar y servir sin límite a los demás.

Cuando un hombre y una mujer deciden libremente formar una familia cristiana, Dios se va a hacer presente para siempre en sus vidas con el sacramento del Matrimonio.

Caminando con Jesús muy cerca, los esposos podrán comprender el profundo sentido del matrimonio y vivirlo en plenitud con la ayuda de Cristo.

María, Reina de la familia:

Ayuda a los esposos, con la gracia de Dios, a perfeccionar su amor y a fortalecer su unidad.

Intercede para que encuentren siempre la cercanía del Salvador y, con su ayuda, sepan superar las dificultades, perdonarse mutuamente y actualizar cada día la alegría de su amor.

Haz que sean testigos del amor definitivo de Dios a la humanidad con su fidelidad.

Ponemos en tus manos la protección a las familias, para que sean auténticas Iglesias domésticas, donde esté siempre presente: la oración en común, la escucha de la Palabra y el servicio a los demás.

Amén.