La Colegiata de Santa María, también conocida como La Sede, es una iglesia gótica de Gandía, con orígenes en la reconquista del que sería la ciudad, y sobretodo al impulso que dieron los duques reales y después los Borgia a su construcción, que después de sucesivas reconstrucciones y engrandecimientos, pero también pérdidas ocasionadas por diferentes conflictos, tiene el aspecto actual.

El templo se sitúa En La Plaza Mayor, la fachada sur recae en la Plaza de los Apóstoles, de la ciudad de Gandía. A finales del siglo XIV el duque Alfons el Viejo inicia la construcción de una iglesia mayor. De esta primera iglesia provienen las esculturas del Apostolado, obra Joan y Pere Lobezno destinado a la decoración del frontispicio de la fachada de poniente. De estas figuras, fechadas del 1387, se conservan cuatro que son: San Paz, San Lucas, San Juan Evangelista y Santo Mateu. Otras tres figuras se guardan en el Museo danés de Arte y Diseño o Kunstindustrimuseet de Copenhagen, son un San Pedro, un San Jaime y otra identificada como Santo Bartomeu. Hacia el año 1417, estando en cabeza del ducado Alfons el Joven, se inicia la construcción de un nuevo templo, pero su muerte la paralizó. De esta época fecharía el portazo lateral gótico de Santa María, obra de Joan Franch.

A finales del siglo XV y ya con los Borgia como nuevos señores, la duquesa Maria Enríquez reempezó la ampliación y enriquecimiento del templo, consiguiendo de Alexandre VI una bula que elevaba la parroquia de Santa María en la actual Colegiata, hecho que ocurrió el 26 de octubre de 1499. El 7 de febrero del año 1500 entraban solemnemente a la Colegiata los restos de los duques Pere Lluís y Joan Borgia, llevadas desde la iglesia de Santa María del Popolo de Roma. La ceremonia fue curiosamente preparada por la viuda de los dos hermanos y duquesa regente Maria Enríquez, para que fueran soterrados en la tumba frente al altar de la iglesia (según el acta notarial de Lluís Erau. Así el templo quedó concluido con cuatro tramos más a la nave y la fachada de los pies, la Puerta de los Apóstoles como remate final de la ampliación promovida por ella.
El estilo de esta puerta estaría a caballo entre el último gótico y un temprano renacimiento. Su realización se podría adscribir a Pere. Cuenta a su círculo, por su similitud formal (a pesar de su estado) con las portazos de la Lonja de Valencia o del Monasterio de la Trinidad. La decoración y las esculturas son obra del taller de los Foromente, Paz y sus hijos Onofre y Damià. También bajo el mecenazgo de la Duquesa se pintó el retablo de los Siete Gozos obra de Paolo de San Leocadio por lo que respecta a la pintura, y de Damià Foromente por lo que respecta a la corta y escultura.
Durante el siglo XVI se concluyó la segunda fase del campanario (aunque la torre se desmoronó al acabar el siglo por un terremoto y ha sufrido varias reformas a lo larga de los siglos por este mismo motivo). También se construyó el corazón, y se hicieron obras de reparación y saneamiento a la iglesia, ente las cuales destacan las hechas en los contrafuertes viejos, que se derribaron y se reconstruyeron. Además se hicieron obras en el cementerio y se abrió una puerta en la quinta capilla por el norte.
A inicios del siglo XVII se enlosó la iglesia por el maestro picapedrero Felip Pérez, y se acabaron algunas obras como la sala del archivo (situada sobre la última capilla del lado de el Evangelio), la sala capitular y el presbiterio. Este último se lució con una decoración neoclásica y Nofre Trotonda presentó un proyecto de renovación del interior de la iglesia en el mismo estilo. Esta propuesta de reforma clasicista empezó en la iglesia con el escombro de la capilla de Santo Pascual para hacer un Transagrario con acceso por los dos lados del retablo mayor, a cargo de Nofre Trotonda, siguiendo con el campanario, que se reconstruyó por estar en ruinas desde el primer cuerpo, obra también a cargo de Trotonda hecha entre 1756 y 1766. Del proyecto de Trotonda, lego del próximo convento de San Jerónimo, de renovación de 1783 solo se consigue lucir el ábside como hemos dicho antes, y no se continúa por las dificultades técnicas a la nave y económicas, deteniéndose la reforma. Se consultó en la Academia y se recibe un nuevo proyecto Vicent Marzo, les suyo presidente, el 1796, pero aun así no se sigue adelante.
El año 1836 con la desamortización fue confiscado el patrimonio colegial y el templo servía de parroquia, no volvería a tener el título de Colegiata hasta el junio de 1911. El 6 de junio de 1931 fue declarada Monumento Histórico Nacional. El 2 de agosto de 1936 la Colegiata se quema y es saqueada, reducida a ceniza gran parte de su patrimonio, como el retablo de Paolo de San Leocadio y Damián Foromente, las estatuas de la Puerta de los Apóstoles o la destrucción de la cabecera.
Pasada la guerra, el 1941 la Dirección General de Regiones Devastadas acometió un proyecto de Reconstrucción, elaborado por Pablo Soler y Vicente Valls. Este plan pretendía abrir la iglesia al culto y dotarla de un nuevo ábside y los locales necesarios para la parroquia. Así, el 1946 con la cabecera a medio acabar y el interior acotado se reabrió al culto. Más tarde se construyó una desmesurada capilla de la Virgen de los Desamparados adosada en el lado izquierdo de la nave y casi de la misma altura y cargando sobre los viejos contrafuertes, edificio que solo se explica dentro del contexto de la posguerra y de fervor mariano. La dirección de Bellas Artes intervino y paralizó las obras, ya casi acabadas el año 1959, y posteriormente (1968-1972) a derribarla, iniciando al mismo tiempo una restauración del muro norte bajo las directrices de Alejandro Ferrant.

En los últimos tiempo se ha procedido, bien que despacio y sin continuidad, a su restauración. El año 1982 se restauró parcialmente la capilla 7 y la Puerta de Santa María. En 1993 se encarga un Estudio Previo y planos generales, delante del desconocimiento general sobre el templo y sus patologías. El 1995 se inicia una campaña de concienciación delante del estado de la iglesia, entonces se forma los Amigos de La Sede, más tarde fundación dedicada a la protección y apreciación del edificio, editando el 2002 el Libro de La Sede (La Sede de santa María de Gandía, Ed. Amigos de La Sede, Gandía 2002). El 1999 se restauraran las cubiertas. El año 2003 se restaura la Puerta de los Apóstoles, colocando réplicas de las esculturas originales, obra de Ricardo Rico y Jose Esteve Edo. Durante los años 2008 y 2009 se procede a la restauración de las vueltas y el interior.
La Colegiata de Gandía es una iglesia de gótico catalán con una sola nave de 14,50 metros de luz, con ocho capillas laterales situadas entre los contrafuertes, cubierta con vueltas de crucería de gran pendiente (hasta 20,50 m.) y techo apoyado directamente sobre la plementeria.

La capilla mayor era, fue derribada entre septiembre y diciembre del 1936 y nada más quedan fotos, de grandes proporciones (7×7 m.) cubierta con vueltas de crucería y se situaba en la cabecera después de un arco toral abierto en la pared frontal de la nave.
El recrecimiento exterior de los contrafuertes sobre la fachada principal, la que recae en la plaza del Ayuntamiento, sobresalen unos 60 cm. del muro de cierre de las capillas laterales, característica que los mujer una esbeltez mayor. Estos recrecimientos en forma de grandes modillos ya se dieran en otros iglesias cistercienses e iglesias catalanas y aragonesas, pero en ningún caso llegan al importante volumen de Gandía. Otra característica destacable del templo es su unidad constructiva, a pesar de su largo proceso constructivo.
La Puerta de los Apóstoles está formada por una sucesión de arcos apuntados formados por tres piezas de sillares en los laterales y dovelas, con dos puertas. Debió tener un tejado pequeño para protegerla de la lluvia, como aparece en grabados y fotografías más antiguos. Las esculturas se sitúan nuevamente, se ha vuelto a colocar unas réplicas, a unos 1,5 m. de la tierra y representan a una Virgen con el Niño (al mainel), los dos apóstoles San Pedro y San Paz a los lados, en el tímpano hay un Dios Padre de 1,90 m. flanqueado por los arcángeles san Miguel y San Gabriel. Sobre el dintel de las dos puertas está el escudo de los Borja-Enríquez. Arriba del portazo existe un gran rosetón de 4,20 m, y aparte, dos lápidas conmemorativas con letras romanas, y no góticas, signo de modernidad.